Puertas

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Un día esa puerta se abrió. Estaba cerrada con cerrojo, pero éste se abría con una llave, y aunque escondida, ahí estaba; solo hacía falta tener un poco de fe, confianza en que se podía encontrar y ganas de dar con ella. La búsqueda podría llevar un poco de tiempo, pero se podía llegar a abrir; y con buenas sensaciones por haber hecho bien el trabajo, sin tratar de conseguir el fin por otros métodos que podían llevarte de lleno al vacío.

Una vez abierta, tras la puerta se abría un amplio claro, lleno de ilusión, de nuevos proyectos, de cosas de las que aprender. Empezaba un camino largo que pronto se haría demasiado corto. Un camino rodeado de buenas vistas, que hacían de lo más amena y confortable la caminata.

Cuando aparecen lugares así, uno no quiere salir de ellos. Se puede caminar y caminar sin sentir en ningún momento la necesidad de correr. Pero antes o después, todas las etapas acaban. Y esta tenía fecha de caducidad. Ser conscientes de ello parece una ventaja a la hora de asumir el fin. Y puede serlo, porque ya desde un principio se asimila que en algún momento llegará el desenlace, pero aún así, cuando ese instante es real, cuando deja de ser un futuro ciertamente cercano para pasar a un presente, todo cambia.

Ahora ya sí que se ha terminado. La puerta que un día se abrió con esfuerzo y que dio paso a un camino largo y excitante, resulta tener otra puerta al final de su existencia a la que echarle el cerrojo. Igual otras llaves vendrán a abrirla, pero esa que la abrió meses atrás ya no sirve.

Está cerrada. Over. No hay vuelta atrás. Quedarse con lo bueno y no lamentarse de lo que se ha dejado atrás. Es lo que toca. Unas puertas se abren y otras se cierran. Y esta se ha cerrado. La tentación de quedarse mirándola es grande, porque trae buenos recuerdos, buenas sensaciones de un trabajo bien hecho, pero también es estancarse, aferrarse a un recuerdo melancólico que sólo se quedará en eso, un recuerdo.

¿Ahora qué? El primer paso era asumirlo, y con menos o mayor convencimiento, hecho está. No más miradas al pasado, tampoco es momento de lamentaciones, por trabajo que cueste asumirlo hay que mirar hacia delante, toca dar el segundo paso: buscar nuevas puertas, con nuevos cerrojos y llaves que las abran.

Tras ellas se mostrarán otros caminos, igual de buenos y confortables, o quizá un poco más oscuros y empedrados.  ¿Qué más da? Para eso no es el momento. Todo a su tiempo. Sólo busquemos la puerta abierta.

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