Ya no es lo mismo

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Unos hablan de las crisis de los tres años, otro de la de los siete, otros de la de los tres meses… qué más da, la cuestión es encontrar a la crisis un espacio en el tiempo. Algunos dicen que si superas ciertas cosas, quiere decir que esa relación dura para siempre, y otros ven de primeras que hay parejas que están destinadas al fracaso incluso antes de empezar. Qué de sabiduría hay por el mundo.

Tratamos de clasificar las relaciones en unos patrones para que cuando haya problemas, podamos encontrar, entre ellos, una solución a nuestras circunstancias personales. Pero luego se dice que cada relación es un mundo, entonces, ¿para qué catalogar nada? Por tanto, ¿sirve de algo fijarse en lo que le ocurrió a María con su novio, o cómo terminaron Carmen y Pablo, para que tú encuentres una respuesta a por qué lo tuyo con Víctor no salió bien?

No sólo nos empeñamos en clasificar las relaciones en distintos tipos, dependiendo de cómo son las personas que las componen, sino que también hablamos de etapas dentro de cada una. Primero la del tonteo, donde todavía no hay nada serio pero una chispa un poco más intensa de lo normal anuncia que eso puede acabar en fuegos artificiales. Poco a poco llega la del enamoramiento, esos meses en la que todo es maravilloso, todos los problemas tienen solución mientras haya amor y tú estás dispuesta a poner tu granito de arena para que todos piensen lo mismo. Después llega la parte en la que te das cuenta de que esto va en serio y que en tu vida ya no sólo estás tú, pero te sientes feliz con ello y ya no sabrías vivir sin esa otra mitad. Más adelante llegan las confianzas de más, las rutinas eternas, discusiones y reconciliaciones una vez al mes…. Y hasta aquí puedo leer.

*Nota: Los hay hasta que les ponen meses, semanas e incluso horas exactas de lo que duran todas estas fases. Yo mejor no me arriesgo.

Cuando en una relación todo va bien nadie se mete. De vez en cuando aparece alguien con el típico “mira que yo no apostaba ni un duro por ellos”, pero se les deja vivir su historia de amor con tranquilidad sin chismosos merodeando alrededor. Ahora bien, si el asunto se tuerce, hasta el panadero da su opinión. De pronto todos lo veían venir, notaban que algo no iba bien, pero ninguno fue capaz de enfrentar a su amigo/a para darle un consejo. Otros le dan vueltas y vueltas al asunto sin explicarse cómo ha podido pasar eso (¡a ellos no!) y otros empiezan a buscar respuestas en los motivos más absurdos y descalabrados que una mente humana puede llegar a imaginar.

Bla bla bla bla. Una ruptura o simple crisis “parejil” da para que un grupo de personas sea capaz de estar hablando durante una hora sin que nadie mire el móvil ni una sola vez. ¡Ahí es ná! Hasta los que pasan desapercibidos un día de cañas cualquiera, ese día descubres que puede decir más de tres frases seguidas. Todos entienden del tema: los que pasan de una pareja a otra sin respetar el tiempo de luto, los que nunca llegan a considerar a nadie pareja porque se cansan en la primera fase (ver más arriba), los que llevan con la misma persona desde que los chicos o las chicas no eran el sexo maligno, los que se enamoran de un gesto amable… TODOS opinan.

Pero cuando por fin te pones a escuchar a los únicos que les dieron vela en ese entierro, porque el amor que hoy muere es solo de ellos y nadie más, descubres que no tienen una explicación con fundamento como para llenar una novela de ficción. De pronto abren la boca y en menos de dos segundos sentencian con una frase: “ya no es lo mismo”.

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