Creer o no creer

La suerte, y la mala suerte, es algo con lo que hay que vivir; siempre estarán ahí. Para salvarnos de un problema o para meternos de lleno en otro. Para conseguir aquello que parecía imposible y para que nunca lleguemos a lograr lo que con tanto empeño buscábamos. Juegan un papel en nuestras vidas y dicen que a unos siempre les acompaña más una, mientras a los otros les ha tocado la desgracia de cargar con la otra.

Yo, nunca he querido creer en la suerte, ni en la negativa ni en la positiva. Para mí las cosas suceden por un motivo, y siempre he pensado que lo bueno o malo que nos pase se debe a nuestros actos, y no a una cuestión de suerte. Lo valiente, honorable, atrevido… tiene su recompensa; el no hacer nada, sentarse a esperar, no arriesgar… solo nos lleva a un final indeseado.

Dejar las cosas en manos de la suerte me parece la forma más fácil de evitar un problema. De escurrir el bulto. Es algo a lo que poder echarle la culpa sin sentirse mal porque alguien vaya a salir perjudicado. Es un plan perfecto: “fue la suerte, y contra eso poco se podía hacer”. ¿En serio?

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Reconozco que no podemos controlarlo todo. Que si algún día alguien inventó las palabras, valga la redundancia, suerte, azar, casualidad, destino… será porque tienen un papel que realizar en este mundo, pero tampoco les demos una responsabilidad que no les corresponde. Frente a ellas existen otros términos que las desbancan en muchas ocasiones; como sacrificio, trabajo, compromiso… que también tienen un rol, y que aunque a algunos les cueste darles su valor merecido, cuando se imponen lo hacen con fuerza, y hasta con la cabeza bien alta.

Que la suerte (o mala suerte) existen nos ha quedado claro. La RAE lo contempla como un término con su significado y todo, y si lo dicen ellos, no soy quién para decir lo contrario. Pero como yo no quiero creer en ella, soy de las que asegura que, al menos, para tenerla, hay que buscarla. Y eso requiere un esfuerzo. A veces tal que ya poco sentido tiene decir que fue cuestión de suerte, porque habrá otros motivos de peso que te llevaron a conseguir aquello que deseabas, y por tanto, la suerte no te la encontraste por el camino, te la ganaste con creces. Estaba escondida sí, pero ahí estabas tú para encontrarla.

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Entonces tú, ¿crees o no crees en la suerte?

Bienvenida

Eres imprevisible. Unas veces llegas pisando fuerte y otras de forma tan sutil que eres inapreciable. Te gusta hacer visitas breves antes de tiempo, para avisar de que un día llegarás para quedarte. A pocos les gusta este comportamiento tuyo de dejarnos con la miel en los labios y quitárnosla cuando estamos a punto de tragarla, pero te conocemos y ya nos hemos acostumbrado a ello.

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Te gustan los cambios. Eres como un largo puente que nos permite dejar atrás una época poco querida para llegar a la más deseada. Durante el camino puede pasar de todo, pero saber que lo bueno está por venir hacen más llevaderos esos… digamos que… cambios de humor tuyos. No me mires así porque es verdad. Una mañana nos ciega el sol por tu culpa mientras otras llegamos empapados a casa porque a las nubes les ha dado por revolucionarse. Sabemos que esta es la época en la que tocan las lluvias, pero esa agradable temperatura tuya que te calienta pero no abrasa, y ese sol brillante sobre un cielo limpio y azul es demasiado bonito para que se estropee con nubarrones negros. Entiéndelo.

Estás llena de colores. Para mí, los almendros en flor son tu seña de identidad para decir que estás aquí, pero son todos esos tonos vivos con los que decoras los jardines los que demuestran que tienes poder de traer alegría a través de las flores. Claro que no todos están tan contentos con esta faceta tuya, ya que para muchos supone la llegada de los estornudos y los ojos llorosos. Mientras unos te adoramos, para otros eres toda una pesadilla, pero es que no se puede contentar a todo el mundo…

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Eres motivo de celebración. Contigo comienza la temporada de fiestas “BBC”, bodas, bautizos y comuniones; esos compromisos que tenemos casi todos los años y que difícilmente podemos escaquearnos de ellos. También están las graduaciones, y todo tipo de actos en los que hay que ponerse mona, con lo que también eres la excusa perfecta para renovar el armario. En este momento ya te atreves a ponerte colores vivos sin miedo a ir desentonando y los estampados vuelven a ser protagonistas del 50% de tu armario.

La sangre alteras. Ésta es tu especialidad, así lo dice el refrán. Los jóvenes y no tan jóvenes tienen las hormonas alborotadas y el amor se ve en cada esquina. Al igual que en este época se consolidan muchos amores que prometen ser para siempre, es el momento ideal para empezar nuevas aventuras. No importa que no lleguen a verano.

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Apuestan por ti. Las marcas de moda invierten grandes cantidades de dinero en tu llegada porque confían en que merece la pena. No importa que este año te estés haciendo la remolona. Antes o después lo bueno estará aquí.

Bienvenida primavera.

St Patrick’s Day

Los edificios se tiñen de verde. Las calles se llenan de gente celebrando y disfrutando de la oferta cultural. Los pubs no paran de servir cerveza negra y no es raro ver duendes y gente disfrazada por cualquier lugar.

Es Saint Patrick’s day, una fiesta que pasó bastante desapercibida por mi vida hasta hace un año. Desde entonces, hoy pienso en verde (pero no porque sea fan de la Heineken). Hoy pienso en mi isla esmeralda, en la que hace 365 celebraba su fiesta por excelencia acompañada de amigos nuevos, viviendo nuevas experiencias, y si, bebiendo cerveza Guinnes.

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Son muchos los recuerdos que me trae este día, y no sólo por esas fiestas, sino que una vez más, vuelven a mi memoria los meses pasados en esa isla, donde  la vida me enseñó muchas más cosas que a celebrar días nacionales. Hoy se mezclan la felicidad y la nostalgia al recordar días pasados. Días de esos que siempre recuerdas como buenos, aunque en algún momento también tuvieran algún capítulo malo.

Hoy toca celebrarlo en Madrid. La cerveza no sabe igual, y la compañía será distinta, pero estoy convencida de que allá donde estén todos aquellos con los que me crucé ese fin de semana un año atrás harán lo mismo que yo, y sentirán que una vez más están en Dublín (puede que algunos afortunados sigan por allí). Al menos yo, no dudo que por un momento creeré estar en un auténtico pub irlandés (y no de Temple Bar), con música en directo y rodeada de gente cálida y risueña que quiere celebrar sus fiestas.

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Hoy es día de celebración, de vestirse de verde y de creer en la buena suerte. Hoy es día de pasármelo bien recordando buenos momentos.

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Happy St Patrick’s day!

“Me caso”

Alguien anuncia que se casa. En el siglo XXI, esto ya empieza a ser un poco raro y si encima es antes de los treinta las reacciones de los receptores de la noticia pueden ser múltiples. No sé cómo un tío dice a sus amigos que se va a casar – yo imagino que igual hacen un minuto de silencio por la pérdida o le empiezan a tirar bolitas de papel como se hacía con el “pringao” del cole (¡ay qué lástima!) – pero sí sé cómo reacciona un grupo de amigas cuando una de ellas anuncia su compromiso.

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Lo primero de todo, suena un grito desesperado similar al de 20.000 teenagers viendo en concierto a los One Direction, o en su defecto, el grupo de Whatsapp se llena de iconos de todo tipo para expresar la emoción del momento. Pero una vez que la bomba a explotado y las salpicadas por ella vuelven a pisar suelo firme, las reacciones son múltiples.

Porque un grupo de amigas está formado por chicas cada una de su padre y de su madre, no se toman igual que una amiga se case, y por ello, aquí va una selección de los distintos tipos de amigas y sus reacciones:

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Amiga correcta. Es esa amiga que para todo es políticamente correcta, da la enhorabuena como debe ser y no se mete en los asuntos de nadie. Si la decisión de su amiga es casarse, ella le apoyará sin opinar y estará ahí para lo que necesite.

Amiga negativa. “Tú estás loca, tú estás loca…”, así lo repite una y otra vez cada vez que te ve. Ella es más de razonar y pensar las cosas dos veces, con lo que trata de ametrallar a su amiga con miles de preguntas tales como ¿estás segura?, ¿crees que le conoces bien?, ¿y si luego se vuelve de esos maridos barrigones que te piden que le lleves la cerveza mientras ellos no despegan el culo del sillón para ver el fútbol?

Amiga “¡ay me muero del amor!”. Esta chica tiene novio, es feliz pero aún no se ha planteado pasar por el altar. Ahora bien, se conoce todos los blog y revistas de novias que se llevan hoy día, sigue en Instagram a todas las it girl que han pasado por la vicaría y ha comentado todos y cada uno de los vestidos de dichas novias. Por supuesto, hace conocedoras de todas estas noticias a sus amigas mientras se le dibujan corazones en los ojos como al icono de Whatsapp. En definitiva, es una romántica empedernida y está encantada de que su amiga se case.

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Amiga inconsciente. A esta le gusta un sarao más que a un niño un caramelo, con lo que no piensa mucho en el paso que va a dar su amiga, sino en cómo se va a celebrar todo eso. Ya está mirando vuelos y hoteles baratos para la despedida de soltera y no puede esperar a vaciar la barra libre mientras conoce a todos los amigos del novio.

La amiga. Es esa amiga con la que la novia no puede prescindir. Con las reacciones de todas las demás ella no ha podido decir mucho, pero será la que vaya a por las flores si la novia no puede, la que la acompañará a todas las pruebas del vestido y la que escuchará a “la futura de” a las dos de la mañana del día antes de la boda porque es cuando entran las dudas.

¿Me he dejado alguna?

Ya no es lo mismo

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Unos hablan de las crisis de los tres años, otro de la de los siete, otros de la de los tres meses… qué más da, la cuestión es encontrar a la crisis un espacio en el tiempo. Algunos dicen que si superas ciertas cosas, quiere decir que esa relación dura para siempre, y otros ven de primeras que hay parejas que están destinadas al fracaso incluso antes de empezar. Qué de sabiduría hay por el mundo.

Tratamos de clasificar las relaciones en unos patrones para que cuando haya problemas, podamos encontrar, entre ellos, una solución a nuestras circunstancias personales. Pero luego se dice que cada relación es un mundo, entonces, ¿para qué catalogar nada? Por tanto, ¿sirve de algo fijarse en lo que le ocurrió a María con su novio, o cómo terminaron Carmen y Pablo, para que tú encuentres una respuesta a por qué lo tuyo con Víctor no salió bien?

No sólo nos empeñamos en clasificar las relaciones en distintos tipos, dependiendo de cómo son las personas que las componen, sino que también hablamos de etapas dentro de cada una. Primero la del tonteo, donde todavía no hay nada serio pero una chispa un poco más intensa de lo normal anuncia que eso puede acabar en fuegos artificiales. Poco a poco llega la del enamoramiento, esos meses en la que todo es maravilloso, todos los problemas tienen solución mientras haya amor y tú estás dispuesta a poner tu granito de arena para que todos piensen lo mismo. Después llega la parte en la que te das cuenta de que esto va en serio y que en tu vida ya no sólo estás tú, pero te sientes feliz con ello y ya no sabrías vivir sin esa otra mitad. Más adelante llegan las confianzas de más, las rutinas eternas, discusiones y reconciliaciones una vez al mes…. Y hasta aquí puedo leer.

*Nota: Los hay hasta que les ponen meses, semanas e incluso horas exactas de lo que duran todas estas fases. Yo mejor no me arriesgo.

Cuando en una relación todo va bien nadie se mete. De vez en cuando aparece alguien con el típico “mira que yo no apostaba ni un duro por ellos”, pero se les deja vivir su historia de amor con tranquilidad sin chismosos merodeando alrededor. Ahora bien, si el asunto se tuerce, hasta el panadero da su opinión. De pronto todos lo veían venir, notaban que algo no iba bien, pero ninguno fue capaz de enfrentar a su amigo/a para darle un consejo. Otros le dan vueltas y vueltas al asunto sin explicarse cómo ha podido pasar eso (¡a ellos no!) y otros empiezan a buscar respuestas en los motivos más absurdos y descalabrados que una mente humana puede llegar a imaginar.

Bla bla bla bla. Una ruptura o simple crisis “parejil” da para que un grupo de personas sea capaz de estar hablando durante una hora sin que nadie mire el móvil ni una sola vez. ¡Ahí es ná! Hasta los que pasan desapercibidos un día de cañas cualquiera, ese día descubres que puede decir más de tres frases seguidas. Todos entienden del tema: los que pasan de una pareja a otra sin respetar el tiempo de luto, los que nunca llegan a considerar a nadie pareja porque se cansan en la primera fase (ver más arriba), los que llevan con la misma persona desde que los chicos o las chicas no eran el sexo maligno, los que se enamoran de un gesto amable… TODOS opinan.

Pero cuando por fin te pones a escuchar a los únicos que les dieron vela en ese entierro, porque el amor que hoy muere es solo de ellos y nadie más, descubres que no tienen una explicación con fundamento como para llenar una novela de ficción. De pronto abren la boca y en menos de dos segundos sentencian con una frase: “ya no es lo mismo”.