Peligrosa indiferencia

Eran la combinación perfecta o la mezcla más explosiva, solo dependía de hacia dónde se inclinara la balanza. Es lo que tiene cuando dos personas tan diferentes se juntan, que sus piezas pueden encajar perfectamente o resultar que cada una debe ir en puzles distintos.

El tiempo que pasaban juntas, a solas, hablando de todo y de nada creó un vínculo entre ellas que parecía sólido, tanto como que se podían considerar amigas. De las de verdad. De las que están en las buenas y en las malas. Para pasar un buen rato y pasarse meses sin verse, que en el reencuentro todo seguiría igual. De esas.

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Por muchos años las cosas no cambiaron. Una con sus historias, la otra escuchándolas. Todo iba bien. Una tenía un problema y la otra estaba ahí. Siempre ahí. Incluso en la distancia estaba más cerca que cualquiera en su misma sala. Pero ese era el problema. Siempre era una la que estaba para la otra. ¿Y viceversa? Bueno, parece que también. Costaba más verse, pero es lo que tiene ser impulsiva y pedir las cosas a gritos o callarlos hasta que alguien te los saca de lo más profundo del alma. Como decía, todo iba bien.

Pero de pronto todo se volvió del revés. La distancia, que no había sido un problema, resultó serlo una vez que de nuevo sólo unos pasos las separaban. ¿Fue el egoísmo, la dejadez, los malentendidos, terceras personas? Un poco de todo y un mucho de algo hicieron que se separan. Una gota que colmó el vaso haciendo que éste no sólo derramara su líquido, si no que hasta él mismo se hizo pedazos.

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Silencio. Tras esta ruptura es lo que quedó. Un largo periodo en el que no hubo nada. Ni buenas ni malas palabras  entre ellas. Como mucho, cortesía. El egoísmo (una vez más), la vergüenza, la falta de valor, el rencor… les llevaron a este punto. Pero de nuevo esta etapa acabó. De nuevo algo encendió la llama y tras meses de nada saltaron fuegos artificiales. Pocas cosas quedaron por decirse. Por no decir ninguna. La cortesía ese día se había tomado vacaciones y fueron la sinceridad, la rabia y las malas formas quienes la sustituyeron. ¿Y ahora qué? Después del desahogo ¿todo volvería a la normalidad? Ya era demasiado tarde para eso. Pero se podía intentar.

Hubo intentos. Pequeñas muestras que hacían dar un paso al frente, pero no lo suficientemente grande como para llegar a la meta. Sin embargo, otra vez el tiempo ayudó hasta tal punto que parecía que ya todo está olvidado. Aún así, hablábamos de amistad, de la verdad, y eso ¿dónde queda?

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Pregunta que aún no ha encontrado su respuesta tras batallas en las que han habido varios vencedores, pero no claros ganadores. Una guerra en la que han jugado todos. El orgullo y la amistad, la rabia y la sensatez, el rencor y el perdón… todos buscando el papel protagonista pero alcanzando sólo el secundario… sólo esperemos que la indiferencia no quiera entrar pronto en escena.

 

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