Peligrosa indiferencia

Eran la combinación perfecta o la mezcla más explosiva, solo dependía de hacia dónde se inclinara la balanza. Es lo que tiene cuando dos personas tan diferentes se juntan, que sus piezas pueden encajar perfectamente o resultar que cada una debe ir en puzles distintos.

El tiempo que pasaban juntas, a solas, hablando de todo y de nada creó un vínculo entre ellas que parecía sólido, tanto como que se podían considerar amigas. De las de verdad. De las que están en las buenas y en las malas. Para pasar un buen rato y pasarse meses sin verse, que en el reencuentro todo seguiría igual. De esas.

children-542104_640

Por muchos años las cosas no cambiaron. Una con sus historias, la otra escuchándolas. Todo iba bien. Una tenía un problema y la otra estaba ahí. Siempre ahí. Incluso en la distancia estaba más cerca que cualquiera en su misma sala. Pero ese era el problema. Siempre era una la que estaba para la otra. ¿Y viceversa? Bueno, parece que también. Costaba más verse, pero es lo que tiene ser impulsiva y pedir las cosas a gritos o callarlos hasta que alguien te los saca de lo más profundo del alma. Como decía, todo iba bien.

Pero de pronto todo se volvió del revés. La distancia, que no había sido un problema, resultó serlo una vez que de nuevo sólo unos pasos las separaban. ¿Fue el egoísmo, la dejadez, los malentendidos, terceras personas? Un poco de todo y un mucho de algo hicieron que se separan. Una gota que colmó el vaso haciendo que éste no sólo derramara su líquido, si no que hasta él mismo se hizo pedazos.

file0001268409973

Silencio. Tras esta ruptura es lo que quedó. Un largo periodo en el que no hubo nada. Ni buenas ni malas palabras  entre ellas. Como mucho, cortesía. El egoísmo (una vez más), la vergüenza, la falta de valor, el rencor… les llevaron a este punto. Pero de nuevo esta etapa acabó. De nuevo algo encendió la llama y tras meses de nada saltaron fuegos artificiales. Pocas cosas quedaron por decirse. Por no decir ninguna. La cortesía ese día se había tomado vacaciones y fueron la sinceridad, la rabia y las malas formas quienes la sustituyeron. ¿Y ahora qué? Después del desahogo ¿todo volvería a la normalidad? Ya era demasiado tarde para eso. Pero se podía intentar.

Hubo intentos. Pequeñas muestras que hacían dar un paso al frente, pero no lo suficientemente grande como para llegar a la meta. Sin embargo, otra vez el tiempo ayudó hasta tal punto que parecía que ya todo está olvidado. Aún así, hablábamos de amistad, de la verdad, y eso ¿dónde queda?

up_stairs

Pregunta que aún no ha encontrado su respuesta tras batallas en las que han habido varios vencedores, pero no claros ganadores. Una guerra en la que han jugado todos. El orgullo y la amistad, la rabia y la sensatez, el rencor y el perdón… todos buscando el papel protagonista pero alcanzando sólo el secundario… sólo esperemos que la indiferencia no quiera entrar pronto en escena.

 

El sol de mi vida

Dicen que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Pero en mi caso me di cuenta de lo que había perdido cuando lo había recuperado de nuevo. Son esas cosas que están tan implícitas en tu día a día que no te das cuenta de que están ahí, ni siquiera cuando se van. Sin embargo, de pronto un día te deja a ciegas en pleno invierno, cuando el termómetro no supera los cinco grados, y te das cuenta de que estuviste más de medio año sin que esto te ocurriera.

DSCN5164

Se me había olvidado lo que era el sol de Madrid. Incluso en invierno, cuando no calienta tanto como en una tarde de verano, en la que hasta el asfalto pide un poco de compasión. Ya no recordaba, que aquí, en mi ciudad de siempre, las gafas de sol no se guardan en todo el año. De vez en cuando se oculta un poco más porque las nubes ese día han decidido que quieren el protagonismo, pero desde que dejamos atrás el verano, son muchas las veces que el sol ha salido a saludarnos y darnos ese empujoncito que nos hace falta cada mañana para salir a la calle.

IMG_4168

Vivir en un país donde el cielo era gris a todas horas me ha hecho valorar lo que tengo aquí. Durante el tiempo que estuve fuera no me parecía tan malo lo que veía tras mi ventana, quizá porque suplía esa falta con otros encantos que encontraba por la ciudad, pero ahora que el sol me ciega cada vez que voy a trabajar, me doy cuenta del privilegio que tenía en casa.

Ver el cielo despejado, nubes blancas que no frenan el paso de los rayos del sol, ese calorcito que sientes en plena época invernal si permaneces quieta durante unos minutos en el mismo sitio… eso,  hace que el día se lleve mejor, y definitivamente, hace que nuestro ánimo esté siempre en positivo.

vision-452227_640

Toda la vida a mi lado, toda la vida disfrutando de él, pero ha sido ahora cuando más lo he valorado, cuando más me ha sorprendido al estar ahí día tras día, acompañándome hasta en las tardes más frías, dándome esa luz que hace que todo se vea más claro, más soleado.

Tiempo

El tiempo. Falta cuando más lo necesitas y sobra cuando menos te importa.

El tiempo es tiempo. Con un principio y un fin.

Ver pasar el tiempo suma y resta al mismo tiempo. Suma días vividos y resta a los que nos quedan por vivir.

Nos ahogamos por falta de tiempo y daríamos lo que fuera por ver pasar las manecillas del reloj a la velocidad del rayo.

clock-407101_640

El tiempo apremia cuando las cosas son importantes, cuando las queremos para antes de ayer, pero parece no importar cuando no hay intereses importantes de por medio.

Tu tiempo es más importante que el mío y nunca entenderás por qué lo desperdicio dedicándome a eso. Yo tampoco nunca comprenderé por qué tu lo empleas en eso otro.

El tiempo es lo que cura todo pero con el tiempo hay heridas que nunca se cierran.

Dedicar mucho tiempo a una cosa supone que falte para muchas otras. Pero siempre hay tiempo para todo.

El paso del tiempo nos hace viejos. Nos hace sabios.

love-447961_640

Sin ti, el tiempo parece no correr. Contigo se pasa volando.

Hacemos estupideces para matar el tiempo. Luego nos tocará correr para llegar a tiempo.

El tiempo es oro.

El tiempo es relativo.

¿Qué es el tiempo?

Ya no queda ilusión… ¿o sí?

Ni Sus Majestades los Reyes Magos consiguieron nunca que me levantara al alba un día de fiesta, pero eso no significaba falta de emoción. Todo lo contrario. Los sueños de esa noche eran más intensos que nunca, porque eran un reflejo de lo que estaba por llegar. A la hora de la verdad no había escenarios extraños ni circunstancias que hacían del día algo sacado de una película de ficción, pero la emoción seguía presente.

Quizás descubrir que hay detrás del día seis de diciembre es el primer golpe de madurez que recibe un niño. La inocencia deja de ser algo intrínseco en nosotros y pasa a ser una cualidad que poco a poco se irá desvaneciendo cuando descubres que no son Melchor, Gaspar y Baltasar quienes se han comido los dulces y refrigerios que preparaste con ahínco y esmero la noche del cinco de enero.

holidays-574318_640

Pero hasta que este día llega todo es magia el Día de Reyes y su víspera. Sobre todo su víspera. La tarde anterior tenía un aura especial. El olor a roscón en casa, la espera en la acera de la calle para ver pasar la cabalgata, jugar con los amigos y hablar de lo que esperábamos encontrarnos en el salón de casa al día siguiente. Igual a la hora de hacer los deberes nos costaba coger papel y boli, pero para la carta a los Reyes Magos no. Da igual lo bueno o malo que fueras en redacción, todos teníamos la nuestra y la habíamos llevado al buzón con tiempo suficiente para que llegara a Oriente en el momento indicado. El cinco de enero todos estábamos orgullosos de lo que escribimos en ella y tratábamos de buscar la nuestra entre los miles de sobres que ese día veíamos por todos lados. Costaba creer que solo tres personas pudieran leer todo aquello, pero sabíamos que si alguien podía hacerlo, sin duda, eran ellos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Sólo una vez al año limpiabas tus zapatos, y sin duda era esa noche en la que los Reyes Magos visitaban tu casa, cuando te ocupabas de tal menester. Por un lado los de papá y mamá, por otro el tuyo y los de tus hermanos. Todos en perfecta armonía y posición estratégica para que hubiera hueco suficiente alrededor para colocar los regalos.

Me encantaría volver a ese momento y ver mi propia cara en el instante en el que mi padre abría la puerta del salón, la cual había sido cerrada a cal y canto la noche anterior para que a nadie se le ocurriera entrar antes de tiempo. Y volver a vivir junto a mi yo de hace años el sentimiento de romper el papel de regalo e ir descubriendo aquello que había pedido y todo lo demás que fue sorpresa pero que igualmente me encantó.

gift-237536_640

Me gustaría volver a vivirlo todo como hace años. Pero ya no soy esa niña, ya no hay esa ilusión. O si. Porque aún sigo dejando cada 5 de enero mi zapato limpio en mi salón. Y lo seguiré haciendo.