Cosa de un día

El número siete es un número que me acompaña desde que nací. Pero aún así no puedo decir que me guste, así como aquellos números que se forman con la ayuda de éste. Aunque igual debería prestarles atención. Yo no soy muy de supersticiones, ni tampoco creo mucho en la suerte, pero últimamente hay un número que igual me quiere decir algo.

MorgueFile

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Hace justo un mes (fíjate en la fecha de hoy y ya irás viendo por donde quiero ir), empecé una nueva etapa. Inesperada. Más como vía de escape que como algo que estuviera buscando. Pero ese tren llegó y había que cogerlo. Ya habría tiempo de bajarse si fuera necesario, pero lo cierto es que estoy muy a gusto en él, y de momento me quedo todo lo que dure el viaje.

Treinta (o treinta y un) días después vuelvo a empezar otro viaje. Un camino totalmente distinto, paralelo, pero que de algún modo ya estaba esperando. No sé cómo me irá. Me da miedo pensar que al tener mayores expectativas, al ser algo más querido, no me salga tan bien como lo anterior. Es lo bueno de no esperar nada, que todo va a mejor. El problema es cuando lo deseas todo y nadie te asegura que vayas a conseguirlo.

Pixabay

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No es mi sueño ideal, pero tampoco me gusta ser avariciosa, y mucho menos impaciente. Creo que es un buen comienzo. Desde abajo, para subir peldaño a peldaño a buen ritmo, sin prisa pero tampoco sin pausa. Las ganas no me faltan, y eso hará que cada día crezca un poco y saque algo bueno. Eso no lo dudo.

Aún recuerdo mi primer día (normal, no fue hace tanto) de la aventura que ya comencé. Tenía nervios, sentía incertidumbre y dudaba de que fuera a ser capaz de hacerlo. Pero aquí estoy un tiempo después totalmente hecha al ambiente. Ahora vuelvo a sentir lo mismo. Solo espero que el resultado siga el mismo camino, o incluso mejor, que para eso se supone que estoy mejor preparada. Y llevaba tiempo buscándolo.

Pixabay

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Dos oportunidades. Tanto la inesperada como la más deseada son compatibles. Eso es lo mejor de todo. La primera, solamente un mes mayor que la siguiente. Ni un día más ni un día menos. No sé si será casualidad, o simplemente que las semillas que planté y que he regado cuidadosamente ya están empezando a dar sus frutos. Pero está claro que las cosas empiezan a salir bien. Igual es cosa del número 17, y aunque me cueste aceptarlo, tendré que prestarle más atención. Por si acaso, estaré al tanto de este día en el último mes del año.

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