Reordenando

Llevaba tiempo sin entrar en mi habitación de siempre, por lo que muchas cosas en ella habían cambiado. Faltaba todo aquello que me había llevado conmigo, pero no todos los huecos que éstas habían dejado seguían libres, esperando que algún día fueran a ser ocupadas por sus dueños de toda la vida. Habían sido sustituidas por otras tantas, que se habían acomodado, pero que en el fondo sabían que en algún momento tendrían que volver a ese lugar de donde un día se habían ido, o ir en busca de uno nuevo al que refugiarse.

Fuente: MorgueFile

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Mi presencia descolocó la nueva rutina. Pensé que podía llegar y organizarlo todo para que volviera a estar como antes. Todo en su lugar sin excepción. Pero no fue así, las cosas habían cambiado y aunque gran parte del orden seguía dependiendo de mí, yo también debía aceptar lo nuevo. Muchas cosas recuperaron su sitio, por supuesto. Estaban allí colocadas desde hace mucho tiempo, ese era su lugar perfecto y no tenía sentido ponerlas en otro cuando allí eran felices y no molestaban a nadie. Pero había otras que no tenían un sitio muy definido y al ver que las nuevas inquilinas las habían sustituido cumpliendo un buen papel, no era justo echarlas de la noche a la mañana.  Conclusión, busqué un nuevo lugar para todo aquello que, como el que se va a Sevilla, perdió su silla.

No es que me pudiera permitir el lujo de derrochar, con lo que al tener que recolocar todas esas cosas en sitios nuevos, había que deshacerse de otras tantas. Esas cosas que acumulas y acumulas pensando que un día te van a hacer falta, pero que en realidad sólo sirven para que cada día estés más cerca de sufrir un serio síndrome de Diógenes. Tenía que ser fuerte, y dejar atrás todo tipo de sentimentalismos y deshacerme de todo aquello que un día sirvió para mucho pero que hoy no hace más que acumular polvo. Debía recordar que había cosas nuevas que vinieron cuando yo no estaba y ahora no se las puede echar como si nada, así que había que intentar llegar a convivir juntos (pero que no revueltos). El esfuerzo por parte de todos era imprescindible, pero siempre que hubiera predisposición se podía conseguir.

Fuente: Pixabay

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Y es que no solo lo viejo debía acomodarse al nuevo lugar y a la convivencia con lo que se encontraron por el camino. Ahora me tocaba añadir todo lo nuevo, lo nuevo de verdad. Aquello que no había ocupado nunca antes otro lugar, ni era conocido por nadie, pero venía para quedarse, y para ocupar el sitio merecido. Y también lo conseguí.

Parece que con un arreglo aquí y otro allá mi habitación, ¿estaba hablando de ella, verdad?, ya está reordenada.

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