Y que repitamos

Cada una somos de nuestro padre y nuestra madre. Y eso no sólo nos ha dado un color de ojos, una altura y un carácter, sino también unas manías y formas de ver la vida. Unos gustos, preferencias e ideales que se asemejan y diferencian a partes iguales. Pero eso no es un problema. De hecho, seguramente esa diversidad de todo y a la vez de nada es lo que hagan nuestros viajes memorables, y que al acabarlos, solo nos den ganas de pensar en el siguiente.

Fuente: morgueFile

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Los líos empiezan desde el momento en el que decidimos hacer el viaje. El destino es más o menos fácil, ya que la compañía es lo que importa y en eso no hay discusión; pero sí lo son las fechas. Cuadrar más de una agenda siempre supone un dilema, y entre nosotras más. Parece que lo nuestro no es empezar con buen pie, ya que aún no nos hemos puesto ni en marcha, sin embargo me reitero en mi afirmación de que nuestros viajes son de los que no se olvidan.

Puede que nos cueste hasta decidir cómo llegar a nuestro destino, y que una vez allí hasta hacer la compra se alargue al doble de la media estipulada a este menester, porque aunque “todas comamos de todo”, siempre barremos para casa (y que nadie lo niegue). Seguramente nunca podríamos vivir bajo el mismo techo más de un mes, pero por suerte o por desgracia, nuestras vacaciones nunca llegarán a durar eso.

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Fuente: Pixabay

Visto así parece que nada bueno puede salir de esta historia, pero una vez que la acción empieza, todo lo anterior queda en agua de borrajas y empieza la diversión. El tiempo y el lugar cambian cada viaje, pero las risas, las buenas sensaciones y el sentimiento de desconexión por unos días están presentes en cada uno, y amigos, eso merece la pena.

Las risas son un ingrediente principal sí, pero no darían el sabor adecuado si el plato no está aderezado con una pizca de sinceridad (verdadera), un poco de confesiones inesperadas y un chorrito de discusión. Apuesto que ese es el secreto de la receta. Un poco de todo en su justa medida que haga que el plato no esté demasiado salado, ni que se haya quedado soso. Si hay que ponerle una pega a este manjar es que solo sacia en cierta forma; quizá llena para unos meses, pero está claro que llega el momento en el que tenemos hambre de más, y es por eso que tarde o temprano queremos repetir.

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Menos mal que de este plato podemos hincharnos sin engordar un gramo… Bueno rectifico, porque ya que andamos parafraseando, sí que engorda, engorda una amistad que crece día a día y que se refuerza con estas escapadas “full time”, es decir, 24 horas juntas en las que nos separamos para ir al baño (aunque a veces ni eso) y poco más. Yo este año ya me he dado mi atracón y ya espero con ansia que lo repitamos…

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