Ilusiones inventadas

¿Te dijo que te quería, o que pasarías el resto de vuestras vidas juntos? ¿prometió cosas que no cumplió? No. Y entonces, ¿por qué te empeñas en hacerte ilusiones?

Desde un principio sabías qué eras para él. Alguien para pasar un buen rato, alguien con quien tener una relación en la que no caben ni los celos ni los compromisos, sino que solo hay sitio para el contacto físico, unas cuantas sonrisas y algún que otro cumplido.

Fuente: morgueFile

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Has hablado del tema con tus amigas mil veces, y siempre aseguras saber a lo que te enfrentas, que sólo te importa disfrutar el momento y que eres feliz con lo que tienes, y lo más importante, es lo único que quieres, ni más ni menos. Con él también has dejado las cosas claras. Él fue sincero desde el principio y tú asientes y apoyas todo lo que dice, porque ahora no quieres meterte en mayores complicaciones y sabes perfectamente dónde está el límite, el cual estás convencida que no sobrepasarás nunca.

Pero es inevitable, y poco a poco, sin darte cuenta, empiezas a ver más allá. Comienzas a creer que las conversaciones banales pueden pasar a ser ese momento del día con el que no puedes vivir. Quieres que sea tu confesor, tu amigo, esa persona a la que puedas contarle todo sin que te juzgue, que sea tu apoyo… alguien del que puedas acabar enamorándote… ¡Ves! Ya has caído en tu propia trampa. Se suponía que sólo iba a ser un capítulo más en tu vida. De esos que son breves, felices y que al volver a leerlos traen buenos recuerdos pero sin ser de los que te encogen las tripas por dentro. Sin embargo ya no hay marcha atrás y ya sientes algo que no querías sentir.

Fuente: morgueFile

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Por su parte ves que las cosas no han cambiado, con lo que lo más sensato sería cortar por lo sano. Pero esto no es tan fácil y te engañas a ti misma creyendo que puedes seguir manteniendo ese tipo de relación, y que es mejor eso que nada. “Carpe diem” dicen por ahí, y hasta hace poco ese era tú lema, pero la tortilla se ha dado la vuelta sola, y aunque tú no lo querías, toca asumir que esto ya no es un juego de niños para ti. Ahí está la cara oscura de la moneda, y ya no puedes vivir sin pensar en el mañana, en un futuro de dos que tiene ya nombre y apellido. Tú y él. Pero de pronto te despiertas del sueño y vuelves a esa realidad que estuvo allí desde el principio y que te cae como un jarrón de agua fría. Él no quiere nada, tú lo quieres todo.

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Ya no sabes qué hacer, ni cómo actuar, solo te queda aguantar esa vocecita en tu cabeza que repite una y otra vez que en ningún momento nadie dijo que esto fuera a ser una bonita historia de amor

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