Lo prometo

Dicen que no hay que aferrarse a ti, que lo que albergas es historia y como tal, solo deberías quedar en los libros (o los diarios). Se les llena la boca a todos diciendo que lo importante es mirar hacia delante, que lo que quedó atrás ya no hay quien lo recupere, y por tanto, tú siempre acabas en un segundo plano. Pero no te preocupes, porque jugar en segunda línea cuando una vez estuviste en primera no debe hacerte sentir mal, todo lo contrario. Simplemente cada cosa tiene su momento, y tú ya has cumplido.

Fuente: MorgueFIle

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No te lo tomes a mal, pero yo también soy de las que piensa que no se puede estar recordándote a cada paso, porque, querido pasado, eso solo nos lleva hacia una espiral sin salida que, además de marearnos y no dejarnos vivir, no saca nada bueno de nosotros. Pero ten muy en cuenta que un día fuiste un futuro prometedor, que llegó a ser presente y que ahora, después de dejar grandes sensaciones, eres parte de nuestro recuerdo. Por lo tanto, yo te aprecio.

Fuente: MorgueFile

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Creo que la gente que se empeña en negar su pasado no es de fiar. Porque si lo hacen, se debe a que éste no fue bueno y no merece la pena recordarlo. Pero tranquilo que yo no reniego de ti. Hay partes tuyas en las que prefiero no volver a pensar, y aún así lo hago para no olvidar todo lo que me enseñaron, pero hay otras que me encantan seguir visitando, porque me reconfortan, y me ayudan a construir un buen presente y un mejor futuro.

Hoy quiero darte las gracias por estar ahí, por existir, y ayudarme a escribir la historia de mi vida. Me has hecho reír y llorar, has conseguido que me enfade y que sienta impotencia cada vez que vuelvo a reparar en ti, pero también orgullo y alegría por pensar que un día fui capaz de hacer todo aquello.

Fuente: Pixabay

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No quiero quedarme estancada en ti, aunque he de confesarte que a veces me pueden las ganas de pensar que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, pero la vida sigue y yo con ella, y de poco serviría alargar mucho más estas palabras. Ahora toca afrontar el día a día, el presente y lo que vendrá después, para que llegue el momento en el que todo se reduzca a ti, pasado, al que volveré a visitar de vez en cuando. Lo prometo.

No me digas que me quieres

Levántate pensando en mí y haz que eso te produzca una sonrisa de oreja a oreja que dure todo el día. Acuéstate tarde porque has pasado el día conmigo, y al llegar a la cama, que solo quieras seguir alargando esa compañía. Acuérdate de mí viendo tú película favorita, comiéndote ese postre que nunca compartirías, o cuando estés disfrutando del día con tus amigos.

Recórrete media ciudad en busca de eso que yo quiero y que nunca te pedí que buscaras. Alarga a veinte los últimos cinco minutos de estar juntos, porque siempre merecen la pena. Llámame en cuanto tengas algo que contarme. Y cuando no. Porque sólo el sonido de mi voz es lo que necesitas escuchar para sentirte tranquilo. Conduce durante cuatro horas sólo para verme cinco minutos y dame la mayor de las sorpresas. Porque sabes que eso me encanta, y el ver mi cara cuando apareces tú te hace saber que de mucho ha valido el esfuerzo.

Fuente: MorgueFile

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Soporta mis días de mal humor, porque serán bastantes, y aunque tú no tengas nada que ver con ellos, saldrás de los que más perjudicados. Acude a mi cuando sean los tuyos, porque sabes que ahí estaré y sólo conmigo es cuando ves luz al final del túnel. Confíame todo lo que te revuelve por dentro y hazme ver que yo puedo hacerlo contigo.

Cuéntame alguna mentira, como que estoy guapa aun sufriendo 40 de fiebre, y dime las verdades más duras, aunque sepas que me vayan a matar por dentro. Paséate conmigo por los rincones más escondidos, pero siéntete orgulloso al hacerlo por la calle principal, a la vista de todos. Preséntame a todos los que forman parte de tu vida y haz que llegue a ser uno más de ese grupo inquebrantable.

Fuente: Photorack

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Cállame con uno de tus besos y róbamelos cada vez que te lo pida el instinto. Abrázame hasta cortarme la respiración y sentir que yo ya soy parte de ti…

Fuente: Freejpg

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Si lo sientes, demuéstramelo, pero por favor, no me digas que me quieres.

Y que repitamos

Cada una somos de nuestro padre y nuestra madre. Y eso no sólo nos ha dado un color de ojos, una altura y un carácter, sino también unas manías y formas de ver la vida. Unos gustos, preferencias e ideales que se asemejan y diferencian a partes iguales. Pero eso no es un problema. De hecho, seguramente esa diversidad de todo y a la vez de nada es lo que hagan nuestros viajes memorables, y que al acabarlos, solo nos den ganas de pensar en el siguiente.

Fuente: morgueFile

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Los líos empiezan desde el momento en el que decidimos hacer el viaje. El destino es más o menos fácil, ya que la compañía es lo que importa y en eso no hay discusión; pero sí lo son las fechas. Cuadrar más de una agenda siempre supone un dilema, y entre nosotras más. Parece que lo nuestro no es empezar con buen pie, ya que aún no nos hemos puesto ni en marcha, sin embargo me reitero en mi afirmación de que nuestros viajes son de los que no se olvidan.

Puede que nos cueste hasta decidir cómo llegar a nuestro destino, y que una vez allí hasta hacer la compra se alargue al doble de la media estipulada a este menester, porque aunque “todas comamos de todo”, siempre barremos para casa (y que nadie lo niegue). Seguramente nunca podríamos vivir bajo el mismo techo más de un mes, pero por suerte o por desgracia, nuestras vacaciones nunca llegarán a durar eso.

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Visto así parece que nada bueno puede salir de esta historia, pero una vez que la acción empieza, todo lo anterior queda en agua de borrajas y empieza la diversión. El tiempo y el lugar cambian cada viaje, pero las risas, las buenas sensaciones y el sentimiento de desconexión por unos días están presentes en cada uno, y amigos, eso merece la pena.

Las risas son un ingrediente principal sí, pero no darían el sabor adecuado si el plato no está aderezado con una pizca de sinceridad (verdadera), un poco de confesiones inesperadas y un chorrito de discusión. Apuesto que ese es el secreto de la receta. Un poco de todo en su justa medida que haga que el plato no esté demasiado salado, ni que se haya quedado soso. Si hay que ponerle una pega a este manjar es que solo sacia en cierta forma; quizá llena para unos meses, pero está claro que llega el momento en el que tenemos hambre de más, y es por eso que tarde o temprano queremos repetir.

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Menos mal que de este plato podemos hincharnos sin engordar un gramo… Bueno rectifico, porque ya que andamos parafraseando, sí que engorda, engorda una amistad que crece día a día y que se refuerza con estas escapadas “full time”, es decir, 24 horas juntas en las que nos separamos para ir al baño (aunque a veces ni eso) y poco más. Yo este año ya me he dado mi atracón y ya espero con ansia que lo repitamos…

Ilusiones inventadas

¿Te dijo que te quería, o que pasarías el resto de vuestras vidas juntos? ¿prometió cosas que no cumplió? No. Y entonces, ¿por qué te empeñas en hacerte ilusiones?

Desde un principio sabías qué eras para él. Alguien para pasar un buen rato, alguien con quien tener una relación en la que no caben ni los celos ni los compromisos, sino que solo hay sitio para el contacto físico, unas cuantas sonrisas y algún que otro cumplido.

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Has hablado del tema con tus amigas mil veces, y siempre aseguras saber a lo que te enfrentas, que sólo te importa disfrutar el momento y que eres feliz con lo que tienes, y lo más importante, es lo único que quieres, ni más ni menos. Con él también has dejado las cosas claras. Él fue sincero desde el principio y tú asientes y apoyas todo lo que dice, porque ahora no quieres meterte en mayores complicaciones y sabes perfectamente dónde está el límite, el cual estás convencida que no sobrepasarás nunca.

Pero es inevitable, y poco a poco, sin darte cuenta, empiezas a ver más allá. Comienzas a creer que las conversaciones banales pueden pasar a ser ese momento del día con el que no puedes vivir. Quieres que sea tu confesor, tu amigo, esa persona a la que puedas contarle todo sin que te juzgue, que sea tu apoyo… alguien del que puedas acabar enamorándote… ¡Ves! Ya has caído en tu propia trampa. Se suponía que sólo iba a ser un capítulo más en tu vida. De esos que son breves, felices y que al volver a leerlos traen buenos recuerdos pero sin ser de los que te encogen las tripas por dentro. Sin embargo ya no hay marcha atrás y ya sientes algo que no querías sentir.

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Por su parte ves que las cosas no han cambiado, con lo que lo más sensato sería cortar por lo sano. Pero esto no es tan fácil y te engañas a ti misma creyendo que puedes seguir manteniendo ese tipo de relación, y que es mejor eso que nada. “Carpe diem” dicen por ahí, y hasta hace poco ese era tú lema, pero la tortilla se ha dado la vuelta sola, y aunque tú no lo querías, toca asumir que esto ya no es un juego de niños para ti. Ahí está la cara oscura de la moneda, y ya no puedes vivir sin pensar en el mañana, en un futuro de dos que tiene ya nombre y apellido. Tú y él. Pero de pronto te despiertas del sueño y vuelves a esa realidad que estuvo allí desde el principio y que te cae como un jarrón de agua fría. Él no quiere nada, tú lo quieres todo.

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Ya no sabes qué hacer, ni cómo actuar, solo te queda aguantar esa vocecita en tu cabeza que repite una y otra vez que en ningún momento nadie dijo que esto fuera a ser una bonita historia de amor

¿Dónde está mi sitio?

Ella empezó a trabajar incluso antes de terminar la carrera. Él lleva ascendiendo desde que entró, y ya han pasado casi dos años. Los otros dos aún están en el camino, pero van por la dirección correcta y saben adónde irán a parar. Ellas lo tienen claro, y más pronto que tarde lo conseguirán. Todo alrededor son éxitos, objetivos, metas, sueños que se están cumpliendo o a punto de hacerlo. Son vidas encarriladas, que aunque puede que solo estén arrancando, ya pueden empezar a pensar en cambiar de marcha y darle un poco más de velocidad al asunto. Sin embargo, mientras unos toman el vuelo, tú ni siquiera encuentras una zona de despegue. Aquí, allí o en la otra punta del mundo. ¿Cuál es mi lugar? Pregunta por excelencia una vez que no hay guión establecido ni forma de alargar lo que no da más de sí.

Piensas en coger un camino, el otro, total por hacer tiempo, porque sabes que al final todos acabarán de nuevo en la salida. No hay meta. Bueno sí, pero tan lejos y con tantos obstáculos en medio que habría que hacer otra carrera a parte para sortearlos. Otra carrera que no se enseña en la universidad, ni en el máster. Una carrera que aprendes solo, a base de vivir la vida. Por suerte o por desgracia, según se mire, tú eliges las asignaturas y cómo aprobarlas o suspenderlas. Y ahí está el problema. Que todo depende de ti. Puede que los factores externos influyan, pero no sirve de nada aferrarnos a ellos y echarles las culpas, porque si unos los han sorteado, el único culpable de que tú no lo hayas hecho eres tú mismo. Llora, laméntate y échale la culpa a quien quieras o a lo que quieras, pero la realidad es que no tienes ni idea de qué quieres hacer con tu vida, y eso te come por dentro. Buscas la respuesta en todos lados, sin darte cuenta que está dentro de ti, en algún lado escondida, pero que antes o después tendrá que salir de su guarida. Por la cuenta que te trae así debe de ser, porque lo de esperar a vivir de tus padres hasta que puedas hacerlo de tus hijos es cosa del siglo pasado. Y siendo sensatos, no creo que ese fuera el futuro que imaginabas cuando no levantabas un palmo del suelo pero te permitías el lujo de soñar con llegar a lo más alto.

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Fuente: morgueFile

Has bajado unos cuantos peldaños desde que querías ser astronauta y crear tu propio mundo en un planeta que ni pertenecía al sistema solar, pero tus aspiraciones, ya más terrenales, ahí están. Y para cumplirlas. Apartamento de soltero en el centro de la ciudad, coche propio, este año vacaciones a lo grande (de las que salen en los anuncios de la tele), cambio radical del vestuario, los gin tonic bien preparados y en terraza de lujo… Planes y planes que revolotean en tu cabeza desde que pagas ese papelucho que certifica que eres licenciado pero que sin embargo aún ves más lejos que Marco a la hora de encontrar a su madre.

Entre que no te lo ponen fácil, no has encontrado tu sitio y no ves cerca el día en el que las cosas vayan a cambiar, todo se reduce a un mismo estado de ánimo: cabreo monumental. No tienes posibles para irte a una isla desierta con lo que la vida sigue y la gente de tu alrededor también. Ellos están mejor, igual o peor que tú, pero probablemente ninguno sea culpable de tu situación. Ahora bien, eso no te es razón suficiente para no cargar tu frustración contra ellos. Y no es justo. Y tú lo sabes. Pero eres consciente cuando el mal está hecho. Suerte que siempre quedarán las disculpas. Otra cosa es que tú, entre tus problemas, tengas tiempo para pedirlas e intentar arreglar el desaguisado. Y a veces el orgullo nos puede más que cualquier cosa, aunque sepamos que por ese camino tengamos la partida perdida.

Fuente: morgueFile

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Pero no hay mal que cien años dure, así que igual ese perdón que ahora te cuesta tanto pedir llega, llega después de encontrar tu sitio, que a veces aparece de repente, cuando habías tirado todas las toallas de tu armario. Lo malo es no saber si llega para quedarse o cualquier día vuelves a perderlo  y de nuevo no sabes dónde está tu sitio…